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Los estudios científicos no han encontrado ningún enlace o resultado definitivo. Pero la teoría persistente está de vuelta en los titulares de los desafortunados tiroteos masivos ocurridos los pasados días en Estados Unidos.

Un manifiesto en línea que se cree que fue escrito por uno de los pistoleros mencionó brevemente el juego de combate “Call of Duty”. Luego, el presidente Donald Trump intervino y acusó el lunes de que los “videojuegos horripilantes y espeluznantes” contribuyen a una “glorificación de la violencia”.

Las declaraciones de Trump fueron más reservadas que durante su último contacto con el tema en 2018, cuando llamó a los videojuegos “viciosos” y convocó a ejecutivos de la industria del juego para que se reunieran en la Casa Blanca, con poco efecto duradero.

Entertainment Software Association, el mayor grupo comercial de videojuegos, reiteró su posición de que no existe una conexión causal entre los videojuegos y la violencia.

“Más de 165 millones de estadounidenses disfrutan de los videojuegos, y miles de millones de personas juegan videojuegos en todo el mundo, dijo el grupo en un comunicado”. Sin embargo, otras sociedades, donde los videojuegos se juegan con avidez, no enfrentan los trágicos niveles de violencia que ocurren en los EEUU”.

¿Qué muestran los estudios?

En 2006, un pequeño estudio realizado por investigadores de la Universidad de Indiana descubrió que los adolescentes que jugaban videojuegos violentos mostraban niveles más altos de excitación emocional, pero menos actividad en las partes del cerebro asociadas con la capacidad de planificar, controlar y dirigir los pensamientos y el comportamiento.

Patrick Markey, profesor de psicología en la Universidad de Villanova que se centra en los videojuegos, descubrió en su investigación que los hombres que cometen actos de violencia severos en realidad juegan videojuegos violentos menos que el hombre promedio. Alrededor del 20 por ciento estaba interesado en los videojuegos violentos, en comparación con el 70 por ciento de la población general, explicó en su libro de 2017 “Combate moral: por qué la guerra contra los videojuegos violentos está mal”.

Otro estudio realizado por Markey y sus colegas mostró que la violencia tiende a disminuir cuando sale una nueva película violenta o un videojuego, posiblemente porque las personas están en casa jugando o en los cines viendo la película.

“La historia general es que las personas que juegan videojuegos justo después pueden estar un poco nerviosas y temblorosas, pero eso no altera fundamentalmente quiénes son”, dijo. “Es como ir a ver una película triste. Puede hacerte llorar, pero no te deprime clínicamente”.

¿Por qué persiste la teoría?

La teoría persiste en parte porque los políticos de ambos lados del pasillo lo han tomado como un blanco fácil, ya que carece de un poderoso lobby como, por ejemplo, la Asociación Nacional del Rifle.

En 2013, después del tiroteo en la escuela primaria Sandy Hook en Newton, Connecticut, el vicepresidente Joe Biden sostuvo tres días de amplias conversaciones sobre prevención de la violencia armada, incluida una reunión con ejecutivos de la industria de los videojuegos. Después de concluir las reuniones de 2013, la Casa Blanca solicitó una investigación sobre el efecto de los medios y los videojuegos en la violencia armada, pero no salió nada sustancial de eso.

“Los políticos de ambos lados van tras los videojuegos, es esta extraña fuerza unificadora”, dijo Markey. “Les hace parecer que están haciendo algo”. Otra razón, según Markey, es que los videojuegos pueden parecer inquietantes para las personas que no son jugadores.

Sin lugar a duda no hay argumento para justificar esta enorme ola de tiroteos en Estados Unidos, pero también cabe destacar que existen varios factores causantes de esto. Es correcta la afirmación de que muchos videojuegos son violentos y hay muchos que no deberían estar al alcance de niños, pero deja mucho que decir cuando en una nación es más fácil conseguir un arma que sacar la licencia de conducir y no es tanto de encontrar un culpable sino de tomar acción preventiva e implementar medidas como han hecho países tales Inglaterra y Nueva Zelanda.

Autor
Administrador de Empresas con Maestría en Dirección de Proyectos. Experiencias en los sectores de Prevención de Lavado y Financiamientos del Terrorismo además de la banca dominicana. Cinéfilo, Otaku y Gamer. Apasionado en temas de cultura, tecnología y finanzas.
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